Bruxismo, descarga de tensión

bruxismo

Bruxismo, descarga de tensión

bruxismo

Bruxismo es la actividad compulsiva de rechinar, frotar o apretar los dientes con intensidad, frecuencia y persistencia, sin ningún interés funcional. El estrés y la ansiedad son las causas más frecuentes, que suelen ir acompañadas de una mala oclusión de los dientes.

El 80% de la población ha tenido algún episodio de bruxismo a lo largo de su vida -incluyendo adultos, adolescentes y niños-, siendo una conducta muy nociva para los dientes, los músculos y la articulación de la mandíbula.

Puede ser diurno o nocturno. El bruxismo diurno consiste en el apretamiento dentario durante el día, con mayor afectación de los sectores posteriores molares. El paciente aprieta en reposo sin darse cuenta, al tragar saliva, al estirarse, al hacer ejercicio, etc. Bruxismo nocturno es el apretamiento y, sobre todo, rechinamiento de dientes por la noche. Afecta mayormente a premolares y todo el sector anterior.

¿Cómo se llega a ser bruxista?

Al principio se creía que en primer lugar tenía que existir un componente de maloclusión, o mala mordida de uno o varios dientes, o de las arcadas entre sí. Pero ahora se acepta la tensión muscular y el estrés como «primer desencadenante».

Solo el 5% de la población tiene una oclusión o mordida perfecta, por lo que es normal que la mayoría de los pacientes tengan algún contacto anómalo entre las arcadas, y si lo sumamos al estrés, se desencadena más fácilmente el apretamiento o rechinamiento dentario. Debe ser explorado por su dentista.

Cuando existen contactos anómalos, inconscientemente, los engramas musculares van a intentar desgastarlos con el movimiento y roce de las arcadas dentarias, generando una actividad muscular más frecuente y fuerte, que hace que se vayan desgastando el resto de dientes, y lesionando la musculatura (por exceso de ejercicio) y articulación de la mandíbula (Articulación temporo-mandibular A.T.M.).

También se acompaña a veces de dolor de oído y de cabeza.

Muchas veces, el bruxismo es diagnosticado por el dentista. Es el caso de pacientes subclínicos, aparentemente compensados, que no aprecian los síntomas y signos que produce esta afectación. Exploramos desgastes en los dientes, tanto en su parte masticatoria, como en el cuello cercano a la encía, siendo el signo más frecuente. También existe dolor al palpar la musculatura, y desvío y/o limitación de la apertura al abrir y cerrar la boca.

Estos pacientes no han sido conscientes de ninguno de estos signos, y hacen una vida normal. Pero somos nosotros, los dentistas, los que les tenemos que hacer ver que ninguna de estas afectaciones es normal, y que hay que estudiar cada caso en particular.

Existe otro tipo de pacientes que sí son conscientes, bien por que han visto ellos mismos esos signos, han padecido los síntomas, o bien porque algún familiar le ha comentado que escucha ruidos al dormir, o incluso por él mismo al masticar o bostezar.

Estos son casos más crónicos y en el caso de haberlos cogido a tiempo no hubieran avanzado tanto como para ser el propio paciente quien los descubre.

Si la tensión psíquica elevada, estrés o la desarmonía oclusal de un diente o varios dientes supera la tolerancia fisiológica del individuo, el componente más débil del aparato estomatognático, dientes, músculos o articulación, mostrará el primer signo o síntoma de la patología disfuncional.

Debemos evitar también hábitos fuera de las funciones normales de la boca, como son masticar chicle, morder uñas, bolígrafos, agujas, etc. son muy perjudiciales.

Síntomas del bruxismo

Las manifestaciones pueden ser en diferentes niveles:

Dentales y periodontales; signos como facetas de desgaste (desde pequeñas, hasta en forma de copa marrones o amarillentas), erosiones cervicales (no confundirlas con retracción de encía, ni lesiones por cepillado), aumento de la movilidad dentaria, recesión gingival, migraciones dentarias, ruidos al rechinar los dientes, crecimientos óseos anárquicos.

Los síntomas son hipersensibilidad o dolor pulpar, dolor de encías y periodonto, sensación de flojedad dentaria.

Musculares: Hipertrofia de los músculos maseteros (cara con forma cuadrada) y dolores a la palpación, pudiendo llegar a tener en casos avanzados un trismo o limitación de la apertura grave.

Articulares: Ruidos articulares como chasquidos o, peor aún, crepitaciones cuando la articulación está más desgastada. También puede aparecer dolor, que a veces puede ser confundido por un dolor de oídos.

Nuestro tratamiento odontológico consiste en valorar esa oclusión mediante un traspaso de la mordida del paciente con unos modelos de escayola de sus dientes al articulador, y así explorar esos contactos anómalos. Finalmente, tras eliminar esos contactos, se coloca una férula o placa de relajación.

La férula es un aparato de resina transparente que se interpone entre los dientes. Mejorará la posición de la mandíbula, evitará el desgaste y fractura de los dientes, y relajará los músculos masticatorios. También protegerá a las coronas, carillas y puentes protésicos, y disminuirá la tensión articular.

No debemos olvidar que la principal causa es el estrés, por lo que debemos aconsejar al paciente que disminuya esa tensión psíquica, cosa difícil en este ritmo de vida.

Asimismo, existe siempre un componente muscular y óseo, por lo que debemos derivar a nuestros pacientes a un fisioterapeuta que explore no solo la musculatura masticatoria, sino toda la cadena muscular cervical y de la espalda. Existe un gran componente óseo en el bruxismo, ya que se ha comprobado que la posición de las cervicales, normalmente forzadas de una manera incorrecta, repercute en la posición de la mandíbula y, a su vez, en la estabilidad de nuestro aparato estomatognático.

Como todo el mundo sabe, prevenir es curar, y espero haber aclarado un poco esta patología, de la que todos hemos oído y quizás no sabíamos en qué consiste.

Fuente | La Rioja